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El Rey del Mundo

David Remnick, director de la revista The New Yorker y ganador de un premio Pulitzer, ha relatado como nadie la pasión del mayor deportista del Siglo XX. El autor recopiló innumerables fuentes y testimonios cercanos a Ali y al boxeo para relatar paso a paso la construcción de un héroe que trascendió, por mucho, al deporte.

 

El 25 de febrero de 1964, Muhammad Ali acababa de ganar contra pronóstico el título de los pesos pesados a Sonny Liston. Después de aquella noche en Miami, Ali pasaba a ser algo más que un púgil soberbio y bocazas para convertirse en una figura capaz de enfrentarse al país más poderoso del mundo y poner frente al espejo a una sociedad especialmente racista con los negros.

 

El libro nos muestra a un Ali que se abrió camino en el boxeo gracias a su talento y ambición, pero también por su estilo excéntrico, siempre con un afán desmesurado por ser el centro de las miradas, ya sea provocando una reacción negativa o positiva. Era parte de su estrategia para llegar a lo más alto.

¿SABÍAS QUE…?

Se rumorea que su medalla de oro olímpica yace en el fondo de un río. En 1960, el boxeador de 18 años viajó a Roma y ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos.

Como publicaba el periódico  The New York Times : Por supuesto, tras los Juegos Olímpicos de Roma, unos cuantos periodistas siguieron a Clay a Louisville, donde le llamaban públicamente "el negro olímpico" y se negaban a atenderle en muchos restaurantes del centro. Ante uno de estos rechazos, lanzó la medalla de oro al río Ohio. Sin embargo, Clay, que más adelante sería conocido como Ali, contó varias versiones de la historia y, según Thomas Hayser —autor de la historia oral Muhammad Ali: His Life and Times [La vida de Muhammad Ali]—, el campeón de boxeo simplemente perdió la medalla. Por suerte, consiguió una medalla de repuesto —además del apoyo de su comunidad— en 1996.

La figura de Ali en esos primeros años de su carrera, sin embargo, va unida a los boxeadores negros Floyd Patterson y Sonny Liston, también campeones de los pesos pesados, que Remnick utiliza para describir las entrañas del boxeo y su papel en la sociedad americana.

 

Patterson era el “negro bueno” o “tío Tom”, tal y como lo llamaba Ali para explicar que había sido sometido por la jerarquía blanca, siempre contenido en sus declaraciones y respetando su papel en la ciudadanía.

 

Por el contrario, Liston era el “negro malo”, un boxeador controlado por la mafia, con antecedentes penales y un aspecto temible, que alimentaba los roles racistas en Estados Unidos. “Tenía que demostrar que se podía ser negro de otra manera. Y hacérselo ver al mundo entero”, explica Ali en el libro. Sin duda lo logró, pero antes tuvo que vencer a un “oso feo”, como llamaba Ali a Liston antes del último combate en el que sintió “miedo”.

 

Un duelo para el que nadie le daba como ganador, ni siquiera con opciones. Remnick relata con sumo detalle todos los asaltos de aquella mítica pelea, que Ali preparó con riesgo, provocación y mucha inteligencia. Tras la victoria, llegó su adhesión a los Musulmanes Negros, su turbulenta relación con Malcolm X y su viaje revelador a África. Todo explicado con lujo de detalles en el Rey del mundo .